Trigo (Triticum
spp)1 es el término que designa al conjunto
de cereales, tanto cultivados como silvestres,
que pertenecen al género Triticum; son
plantas anuales de la familia de las gramíneas,
ampliamente cultivadas en todo el mundo.2 La
palabra trigo designa tanto a la planta como
a sus semillas comestibles, tal y como ocurre
con los nombres de otros cereales.
El trigo es uno de los tres cereales más
producidos globalmente, junto al maíz
y el arroz,4 y el más ampliamente consumido
por el hombre en la civilización occidental
desde la antigüedad. El grano del trigo
es utilizado para hacer harina, harina integral,
sémola, cerveza y una gran variedad de
productos alimenticios.5
La palabra «trigo» proviene del
vocablo latino triticum, que significa ‘quebrado’,
‘triturado’ o ‘trillado’,
haciendo referencia a la actividad que se debe
realizar para separar el grano de trigo de la
cascarilla que lo recubre. Triticum significa,
por lo tanto, "(el grano) que es necesario
trillar (para poder ser consumido)"; tal
como el mijo deriva del latín milium,
que significa "molido, molturado",
o sea, "(el grano) que es necesario moler
(para poder ser consumido)". El trigo (triticum)
es, por lo tanto, una de las palabras más
ancestrales para denominar a los cereales (las
que se referían a su trituración
o molturación).
Historia
El trigo tiene sus orígenes en la antigua
Mesopotamia. Las más antiguas evidencias
arqueológicas del cultivo de trigo vienen
de Siria, Jordania, Turquía e Iraq. Hace
alrededor de 8 milenios, una mutación
o una hibridación ocurrió en el
trigo silvestre, dando por resultado una planta
con semillas más grandes, la cual no
podría haberse diseminado con el viento.
Existen hallazgos de restos carbonizados de
granos de trigo almidonero (Triticum dicoccoides)6
y huellas de granos en barro cocido en Jarmo
(Iraq septentrional), que datan del año
6700 a. C.7
El trigo produjo más alimento al ser
cultivado por iniciativa de los seres humanos,
pues de otra manera éste no habría
podido tener éxito en estado salvaje;
este hecho provocó una auténtica
revolución agrícola en el denominado
creciente fértil. Simultáneamente,
se desarrolló la domesticación
de la oveja y la cabra, especies salvajes que
habitaban la región, lo cual permitió
el asentamiento de la población y, con
ello, la formación de comunidades humanas
más complejas, como lo demuestra también
el surgimiento de la escritura, concretamente
la Escritura cuneiforme, creada por los sumerios,
y, por tanto, el principio de la historia y
el fin de la prehistoria. |